
- ¡ Fuera luces! Se le oyó decir al guardia de aquella prisión del estado.El pasillo del módulo 5 junto con sus celdas, quedaron en penumbras. En una de ellas, Martín, acurrucado en un rincón de su cucheta, distraía su mirada en la imagen, - en un recorte de diario - de una niña, muerta en un accidente de tránsito. Todas las noches, desdoblaba ese pedazo de periódico, y a la tenue luz -proveniente del patio interior - que penetraba por la ventana de la celda, tapisada de barrotes, observaba durante horas la imagen de esa niña. Aquél trozo de papel, giraba de manera interminable entre sus nerviosos dedos. Cinco años atrás, de regreso a su casa,en su automóvil, aquella mañana, después de haber pasado la noche en casa de amigos, en un festejo de cumpleaños, el sueño, la fatiga y las copas de más que llevaba consigo, se confabularon para que perdiera el dominio de su coche, y la atropellara, en un cruce peatonal.
Habían sido cinco años de martirio. De no encontrar la paz para su alma. De miedos. De sentir en ese trozo de papel, las voces de vaya a saber que conciencias, que reclamaban venganza. Buscaba todas las noches en esa imagen, el perdón que no le era concedido. Ya casi ni dormía. Desde hacía algún tiempo sus temores se acrecentaron. A qué, se prenguntaba.¿ Estaré al borde de la locura? Cuando salía al patio, sus ojos buscaban en el vacío, como si alguien o algo lo estuviera persiguiendo.
En una mañana de comienzo del verano, al pasar lista a los reclusos, la guardia notó la falta de Martín. Al concurrir a su celda, lo encontraron tendido en su cucheta, sin vida, con los ojos desmesuradamente abiertos, como si algo además de la muerte lo hubiera sorprendido. Y en su regazo, el recorte de diario, con la imagen de la niña, sonriendo.-
JOB-2008
Habían sido cinco años de martirio. De no encontrar la paz para su alma. De miedos. De sentir en ese trozo de papel, las voces de vaya a saber que conciencias, que reclamaban venganza. Buscaba todas las noches en esa imagen, el perdón que no le era concedido. Ya casi ni dormía. Desde hacía algún tiempo sus temores se acrecentaron. A qué, se prenguntaba.¿ Estaré al borde de la locura? Cuando salía al patio, sus ojos buscaban en el vacío, como si alguien o algo lo estuviera persiguiendo.
En una mañana de comienzo del verano, al pasar lista a los reclusos, la guardia notó la falta de Martín. Al concurrir a su celda, lo encontraron tendido en su cucheta, sin vida, con los ojos desmesuradamente abiertos, como si algo además de la muerte lo hubiera sorprendido. Y en su regazo, el recorte de diario, con la imagen de la niña, sonriendo.-
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